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REALISMO
REALISMO
La estética del Realismo, fascinada por los avances de la CIENCIA, intenta hacer de la literatura un documento que nos pueda servir de testimonio sobre la sociedad de su época, a la manera que la recién nacida FOTOGRAFIA. Por ello describe todo lo cotidiano y típico y prefiere los personajes vulgares y corrientes, de los que toma buena nota a través de cuadernos de observación, a los personajes extravagantes o insólitos típicos del anterior ROMANTICISMO. Esta estética propugna a su vez una ETICA, una moral fundamentada en la moderación y síntesis de cualquier contradicción, la objetividad y el MATERIALISMO.
En cuanto a los procedimientos literarios del Realismo, son característicos el abuso de la descripción detallada y prolija, el uso del párrafo largo y complejo provisto de abundante subordinación, la reproducción casi magnetofónica del habla popular tal cual se pronunciaba y sin corrección alguna que pretenda idealizarla y el uso de un estilo poco caracterizado, un lenguaje "invisible" que exprese objetivamente sin llamar la atención sobre el escritor.
Al igual que el Romanticismo, el Realismo tuvo dos corrientes, una conservadora, que alababa las viejas costumbres populares (Jose Maria Perada, Juan Valera), y otra progresista, caracterizada por la denuncia social (Benito Perez Galdos, Leopoldo Alas "Clarín").
En las últimas décadas del siglo XIX se advierte en Hispanoamérica con gran rapidez la asimilación y aclimatación de las modas y costumbres europeas. Se sigue casi al día el teatro, la novela y la poesía de: Francia, España, Inglaterra, Alemania e Italia; se remedan y copian todos esos géneros impregnándoles en un sello propio.
El realismo surge después de la revolución francesa de 1848.
Manifiesta una reacción contra el idealismo romántico y expresa el gusto por la democracia, mas contrariamente a lo que su inclinación social sugiere, no produce un estilo arquitectónico propio y se expresa escasamente en una escultura crítica o social. Hacia las décadas centrales del siglo XIX el Romanticismo iría cediendo paso al Realismo. Al cambio contribuyen varios fenómenos:
En las conciencias se cierne el peso y las terribles consecuencias de la Revolución Industrial:
Trabajo de niños y mujeres
Horarios excesivos.
Condiciones de vida penosas.
Viviendas insalubres.
Los fracasos revolucionarios del 1848 se dejan sentir.
Se abole todo atisbo de idealismo.
Abunda la temática social.
La estética del Realismo, fascinada por los avances de la CIENCIA, intenta hacer de la literatura un documento que nos pueda servir de testimonio sobre la sociedad de su época, a la manera que la recién nacida FOTOGRAFIA. Por ello describe todo lo cotidiano y típico y prefiere los personajes vulgares y corrientes, de los que toma buena nota a través de cuadernos de observación, a los personajes extravagantes o insólitos típicos del anterior ROMANTICISMO. Esta estética propugna a su vez una ETICA, una moral fundamentada en la moderación y síntesis de cualquier contradicción, la objetividad y el MATERIALISMO.
En cuanto a los procedimientos literarios del Realismo, son característicos el abuso de la descripción detallada y prolija, el uso del párrafo largo y complejo provisto de abundante subordinación, la reproducción casi magnetofónica del habla popular tal cual se pronunciaba y sin corrección alguna que pretenda idealizarla y el uso de un estilo poco caracterizado, un lenguaje "invisible" que exprese objetivamente sin llamar la atención sobre el escritor.
Al igual que el Romanticismo, el Realismo tuvo dos corrientes, una conservadora, que alababa las viejas costumbres populares (Jose Maria Perada, Juan Valera), y otra progresista, caracterizada por la denuncia social (Benito Perez Galdos, Leopoldo Alas "Clarín").
En las últimas décadas del siglo XIX se advierte en Hispanoamérica con gran rapidez la asimilación y aclimatación de las modas y costumbres europeas. Se sigue casi al día el teatro, la novela y la poesía de: Francia, España, Inglaterra, Alemania e Italia; se remedan y copian todos esos géneros impregnándoles en un sello propio.
El realismo surge después de la revolución francesa de 1848.
Manifiesta una reacción contra el idealismo romántico y expresa el gusto por la democracia, mas contrariamente a lo que su inclinación social sugiere, no produce un estilo arquitectónico propio y se expresa escasamente en una escultura crítica o social. Hacia las décadas centrales del siglo XIX el Romanticismo iría cediendo paso al Realismo. Al cambio contribuyen varios fenómenos:
En las conciencias se cierne el peso y las terribles consecuencias de la Revolución Industrial:
Trabajo de niños y mujeres
Horarios excesivos.
Condiciones de vida penosas.
Viviendas insalubres.
Los fracasos revolucionarios del 1848 se dejan sentir.
Se abole todo atisbo de idealismo.
Abunda la temática social.
SOR JUANA INES DE LA CRUZ
poema sor Juana Ines de la cruz
REDONDILLAS
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia,
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que falta de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata
y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?
Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos enhorabuena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada,
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?
Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
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